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lunes, 3 de febrero de 2020

Tercer partido y Millonarios no reacciona: empató 2-2 con la Equidad.


Que en la tercera fecha sí, que al tercer partido ya era hora, que cómo no si ya eran tres partidos, que este sí era el del desquite, el del despertar, el del desahogo, que es que el torneo es muy corto y ya no se podía dar más ventaja, que el equipo venía mejorando, que no habia preocupación, que solo faltaba el gol, que con un poquito de concentración se hacía el milagro, que paciencia, que calma, que no haya angustia.... y llegó el 3 partido y nada, sin resurrección. Millonarios apenas empató con La Equidad 2-2. y ahora, que en la cuarta fecha si, dirán...

Empatar de local no es negocio para Millonarios. Ni empezando el torneo ni terminando. Empatar de local no es ganar un punto, nunca, es perder dos, siempre. Esta vez fue Equidad el que lo asaltó en El Campín, arriba las manos y deme los puntos, y los dieron, dos, en un empate que dejó, otra vez, aburrido al técnico Gamero, así no lo diga.

Los jugadores se fueron furiosos, no con ellos mismos y con su letargo defensivo y su falta de definición, ni con su ansiedad, no, se fueron furiosos con el árbitro, porque el árbitro Hinestroza no les pitó un penalti que sí era y porque convalidó un gol irreal, pero legal, con el que hoy pueden justificar un empate que es amargo.

Ese gol de la discordia fue una viveza de La Equidad. La pelota pegó en el árbitro, balón a tierra, todos los rivales a metros, todos mirando, Pacheco reventó la pelota allá, lejos,  donde estaba Juan Pablo Vargas, el último defensor que no se esperaba que lo importunaran, hasta que sintió el galope a sus espaldas cuando Peralta pasó como una exhalación y le robó la billetera, los guayos y el balón, y se fue con el tesoro redondo rumbo al arco, y gol, 0-1.

Algunos dirán que fue un gol de artimañas, de poco 'fair play', de error arbitral, y por eso gamero fue a protestarle hasta el propio Alexis Garcia , el técnico rival, que con chaqueta roja no se escondía de nadie, pero no había nada que hacer. Era gol, y Millos perdía en casa otra vez.

La furia brotaba en los jugadores de Millonarios que no entendían cómo les hicieron ese gol insólito, y cómo les dejaron de pitar un penalti por una mano en el área. Tenían que tener cabeza fría, al menos tenerla bien puesta. Fue así como al cuarto minuto de adición del primer tiempo, cuando en Equidad se frotaban las manos, apareció Pereira camuflado en el área, en el puesto de Ortiz, haciendo de Ortiz, para anotar el empate. Uff, 1-1.

Ya qué polémica ni qué árbitro, Millonarios recogió fuerzas y fue por la victoria, y la tuvo entre las manos cuando Silva abrió el camino de Bertel, y Bertel hizo lo que tiene que hacer un lateral, no inventar, solo tirar un buen centro al área donde estaba Ortiz, el cazador furtivo, para atrapar y anotar el 2-1.

Ya qué polémica ni qué árbitro, si Millonarios ganaba las polémicas eran anécdota. Pero cuando el partido entraba en su recta final, Faríñez se llevó por delante al incómodo Peralta, como si quisiera vengar el insólito gol que les hizo, y vino la tragedia, el penalti. Y Peralta, silencioso, les hizo el segundo.

Que si Millonarios lo intentó, sí, hasta el final, pero no definieron ni Bertel, ni Ortiz, ni Del Valle,  que fueron los que más insistieron. Y que si Equidad se defendió, también, no querían otra sorpresa como la que les dio Nacional. Esta vez sí se salieron con la suya, se llevaron un punto. 

Para Millonarios ya qué empate ni qué empate, si el empate no sirve mucho, entonces podrán decir ahora que es que ese árbitro fatal, que es que ese penalti que no pitó, y otros que tampoco, y que es que ese gol desleal, y que es que Equidad vino a pegar y a defender y a no jugar y a no dejar jugar y no tener juego limpio...  Tranquilos, que ya viene el cuarto partido, y ahora seguro que sí, dirán...







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