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lunes, 20 de febrero de 2017

Máyer Candelo, 40 años y sigue dando cátedra con el Deportivo Cali



Desde muy niño, o mejor, desde esas selecciones Valle juvenil, Máyer Candelo demostró de qué estaba hecho.

Tenía una zurda mágica, un don especial con el que manipulaba a su antojo el balón. Eso lo hizo el diferente en los 'picados' que jugaba frecuentemente en el barrio Bretaña, donde nació y creció, o en cualquier cancha de Cali.

Su nombre comenzó a sonar con insistencia en las tertulias de fútbol; pero él, inquieto y ansioso por buscar un espacio en el fútbol, muy joven intentó probar suerte en el Alianza Llanos de Villavicencio, equipo que participaba en el torneo de la B.

En ese equipo, por su rapidez y por la forma como manejaba la pierna izquierda, lo ubicaron de lateral.

Sin embargo, por fortuna para Máyer y para el mismo fútbol, para el espectáculo y para los aficionados que se han deleitado con su talento, una rápida movida del directivo Raúl Capera, sacándolo de Alianza Llanos y regresándolo a Cali, pusieron las cosas en orden.

“Raúl me lo trajo para la Selección Valle que yo dirigía; yo lo vi, y por su talento y condiciones, decidí que jugara como volante y ahí fue que Máyer reventó y es el jugador que hoy es”, recuerda Félix Quiñónez, el técnico de ese equipo.

Y ahí, en la Selección Valle, Candelo hizo diabluras en los torneos nacionales al lado de Julián Viáfara, Jorge Díaz, Giovanni Córdona, John Quiñónez, Julián Barragán y Freddy Hurtado, entre otros.

Esa Selección lo catapultó a la fama. No solo en el Valle se hablaba de un muchacho de andar cansino,  sino que en las otras ciudades ya lo conocían.

El siguiente paso fue el Deportivo Cali, con el que debutó en 1995. En los pocos minutos que recibía, mostraba destellos de su talento. Ya en 1998 se afianzó tanto, que fue el conductor de un equipo que logró el título y que al año siguiente fue subcampeón de la Copa Libertadores.
En el 2000 dio el salto al fútbol internacional, siendo figura en Vélez de Argentina. Después pasaron nueve equipos más, algunos de ellos repitiendo experiencia como Cortuluá, Millonarios y el mismo Cali, y una rica experiencia en Perú, donde fue catalogado varias veces como el mejor jugador del torneo inca.
Candelo vive y muere por el fútbol. “Desde niño Máyer siempre gustó de la pelota y de la calle. Ni en vacaciones se desconecta de lo que es su profesión; cuando no juega con sus compañeros del barrio, está hablando de fútbol o viendo los partidos por televisión”, dice Diego Solarte, uno de sus mejores amigos.

Solarte asegura que “Máyer reconoce en Ricardo Gareca, Julio César Falcioni y Juan Manuel Lillo los entrenadores que influyeron mucho en él por sus consejos y conocimientos”.

Una canción, 'La cama vacía', de Óscar Agudelo, es la única que lo saca del tema del fútbol porque le trae bonitos recuerdos de su infancia, de su barrio y de esa Cali de los años 80.

En el Deportivo Cali, en esta que sería su última etapa, Candelo es llamado el 'mago' “porque nos hace jugar a todos; tiene un virtuosismo en su pierna izquierda y con eso puede cambiar el curso de un partido”, reconoce el lateral Yonathan Murillo.

El volante de la camiseta 17, padre de Valentina e Isabella, el talentoso en la cancha e introvertido fuera de ella, no le pone plazos a su retiro.

“No sé, en eso no he pensado. Además siempre digo que la que juega no es la cédula”, dijo en una reciente entrevista con El País.


Entonces que siga el espectáculo del pequeño genio, como lo vio la afición caleña el sábado en el Pascual. Máyer llegó al cuarto piso lleno de vida, de ganas, pero sobretodo de talento. ¡Feliz cumpleaños, mago!.


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